Las mejores frases de César Milstein, explicadas

César Milstein nació en Bahía Blanca en 1927 y ganó el Nobel de Medicina en 1984 por descubrir, junto a George Köhler, los anticuerpos monoclonales: la base de los tests de embarazo, de buena parte de los diagnósticos actuales y de tratamientos oncológicos que se usan en todo el mundo.

Decidió no patentarlos. Esa decisión, y las frases con que la explicó, es lo que mejor lo define.

«La ciencia debe ser un patrimonio de la humanidad, no una propiedad privada»

Su respuesta cada vez que le preguntaban por qué no patentó los anticuerpos monoclonales, un descubrimiento que movió miles de millones de dólares en la industria farmacéutica. Es probablemente la decisión ética más costosa que tomó un científico argentino.

«No me arrepiento de no haber patentado los anticuerpos monoclonales. Si lo hubiera hecho, la investigación se habría retrasado años»

Su justificación práctica, además de la ética. Al dejar el método libre, cualquier laboratorio del mundo pudo usarlo de inmediato, y el campo avanzó a una velocidad que una patente habría frenado.

«No hubo un interés comercial por parte nuestra. Nuestra prioridad era el avance del conocimiento científico»

La versión completa de lo anterior. Milstein aclaraba que no fue un descuido ni una ingenuidad: fue una prioridad elegida.

«Estábamos muy verdes en el tema de las patentes y alguien se aprovechó»

El costado amargo de la misma historia. Otro investigador terminó registrando aplicaciones derivadas de su trabajo. Milstein no se quejaba del dinero perdido, pero sí de haber sido usado.

«Es un imán que busca una aguja en un pajar»

Su manera de explicarle a cualquiera qué es un anticuerpo monoclonal: una molécula capaz de encontrar y pegarse a un solo blanco entre millones. Es la mejor definición corta que se dio del descubrimiento.

«Gran parte de una persona es su educación. Y yo toda mi educación la hice en mi país»

Milstein trabajó en Cambridge durante décadas, pero se formó íntegramente en la escuela pública argentina y en la UBA. Lo repetía cada vez que le preguntaban por la fuga de cerebros.

«La ciencia se aprende como la artesanía. No en los libros sino en los contactos directos»

Su idea sobre la formación: un investigador se hace al lado de un maestro y dentro de una institución, no leyendo. Por eso insistía tanto en sostener los institutos donde eso puede pasar.

«¿Por qué arruinar la diversión? Si hacemos el experimento tendremos la respuesta»

Su respuesta a las discusiones teóricas que se estiraban. Resume su método: menos especulación de escritorio y más mesada de laboratorio.

«La curiosidad como fuente de riqueza»

Título de una de sus últimas conferencias en la Argentina, y el argumento que usó toda la vida para defender la investigación sin aplicación inmediata: los anticuerpos monoclonales salieron de una pregunta sin destino comercial.

«Era como Tarzán, pero más lindo»

Así describió el libro Los cazadores de microbios, que le regalaron a los diez años y que lo decidió a ser científico. Es la frase más liviana de todas y la que explica de dónde salió todo lo demás.

Milstein murió en Cambridge en 2002 y sigue siendo el último argentino en ganar un Nobel científico. Sus frases se citan cada vez que se discute quién debe ser dueño del conocimiento, una pelea que quedó más vigente que nunca.

Seguí con las frases famosas de personajes argentinos.

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