Roberto Fontanarrosa fue humorista gráfico, escritor y, sobre todo, rosarino. En noviembre de 2004, en el Congreso Internacional de la Lengua Española realizado en Rosario, dio una ponencia de pocos minutos sobre las malas palabras que se convirtió en el momento más recordado de todo el congreso.
Repasamos las frases de aquel discurso y qué estaba discutiendo en cada una.
«Se me ocurrió hablar sobre las malas palabras»
Así arrancó, en el teatro El Círculo, frente a un auditorio de académicos y escritores. La informalidad del comienzo era parte del plan: bajar el tono solemne del congreso desde la primera frase.
«No sé qué tiene que ver con esto de la internacionalización»
Su chiste sobre el eje temático del propio congreso. Fontanarrosa se hacía cargo de estar fuera de tema, y esa honestidad desarmó a la platea antes de entrar en el argumento.
«Yo casi siempre hablo desde el desconocimiento»
Su posición frente a los lingüistas que lo escuchaban. No venía a dar cátedra sino a plantear desde la intuición del que usa el idioma todos los días, que era exactamente su autoridad.
«¿Por qué son malas las palabras? ¿Les pegan a las otras? ¿Son malas porque son de mala calidad?»
El corazón de la ponencia. Con dos preguntas absurdas desmonta la categoría entera: nadie define nunca qué hace mala a una palabra, se asume. Es humor y es un argumento serio al mismo tiempo.
«Las malas palabras sirven mucho para expresarse»
Su tesis central. Hay estados de ánimo —el dolor, la bronca, el asombro— para los que el vocabulario correcto no alcanza, y esas palabras cubren un hueco real del idioma.
«Lo que he insultado cada vez que se me va un texto de la computadora»
El ejemplo cotidiano con el que respalda la tesis. Cualquiera en la sala lo había vivido, y ahí el argumento deja de ser teórico.
«No hago una defensa incondicional y quijotesca de las malas palabras»
Su aclaración para que no lo malinterpretaran. No pedía usarlas en cualquier contexto: pedía que dejaran de estar prohibidas por decreto.
«El secreto de la palabra pelotudo está en la letra t»
El momento más celebrado del discurso, donde analiza la fonética de un insulto como si fuera un crítico literario. La observación es real: la t marca el golpe de la palabra.
«Pido una amnistía para la mayoría de las malas palabras e integrémoslas al lenguaje»
Su conclusión, formulada como propuesta formal ante el congreso. Es el chiste final y también un pedido en serio: que el idioma reconozca lo que sus hablantes ya usan todos los días.
Fontanarrosa murió en 2007 y aquella ponencia se volvió la pieza suya que más circula, por encima de sus cuentos y sus historietas. Consiguió algo difícil: hacer reír a un congreso de académicos discutiendo en serio sobre el idioma.
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