Las mejores frases de Luis Federico Leloir, explicadas

Luis Federico Leloir ganó el Premio Nobel de Química en 1970 por descubrir los nucleótidos azúcares y el camino que lleva su nombre, el mecanismo por el que el cuerpo transforma la galactosa. Lo hizo investigando en la Argentina, en un instituto que funcionaba con equipos donados y presupuesto mínimo.

Hablaba poco y se incomodaba con los homenajes. Estas son sus frases más recordadas, de su discurso del Nobel y de las entrevistas de esos días.

«El honor que he recibido excede de lejos mi expectativa más optimista»

Su primera reacción al Nobel, en diciembre de 1970. No es falsa modestia: Leloir trabajaba en un campo poco visible y desde un país que nadie miraba, y el premio lo agarró de sorpresa tanto a él como al ambiente científico local.

«En este nuevo estatus me siento incómodo al considerar que mi nombre se unirá a la lista de gigantes de la química»

De su discurso en Estocolmo. Leloir era genuinamente reacio a la exposición, y esta frase lo muestra midiendo su obra contra la de los que habían ganado antes que él.

«También me siento incómodo cuando pienso en mis colaboradores que llevaron a cabo una gran parte del trabajo»

La continuación de la anterior, y la más importante de las dos. El Nobel se da a una persona, pero el trabajo había sido de un equipo, y Leloir se encargó de decirlo en el momento de mayor exposición de su vida.

«Estudio los mecanismos a través de los cuales los seres vivos consiguen energía vital»

Su manera de explicarle a un periodista, en 1970, qué hacía exactamente. Es una lección de divulgación: sacó toda la terminología y dejó la idea.

«El resultado más práctico, en ese sentido, está constituido por los 80 mil dólares del premio»

Su respuesta cuando le preguntaron para qué servían sus descubrimientos. La ironía esconde una postura: Leloir defendía la investigación básica, la que no tiene aplicación inmediata y sin la cual después no hay ninguna aplicada.

«El laboratorio es el lugar de la tierra que más interesante me parece»

La frase que mejor lo define. Podría haberse ido a cualquier universidad del mundo y se quedó trabajando en un instituto modesto de Buenos Aires porque lo que le importaba pasaba adentro del laboratorio, no alrededor.

«Algunos no comprenden que los subsidios se otorgan por méritos científicos y no por razones políticas»

Su defensa del financiamiento externo que recibía su instituto, en medio de las sospechas de la época. Es un tema que sigue vigente cada vez que se discute quién paga la ciencia argentina.

«Nunca estuve satisfecho con lo que hacía por los pacientes; podíamos hacer muy poco»

Sobre por qué dejó la práctica clínica para dedicarse a investigar. Leloir se recibió de médico y sintió que la medicina de su tiempo tenía un techo, y que ese techo solo se corría desde el laboratorio.

«Incluso después de dos décadas, nuestro campo de investigación no se ha vuelto aburrido ni ha pasado de moda»

De su discurso del Nobel, hablando de veinte años en el mismo tema. Es una defensa de la constancia contra la tentación de saltar a lo que está de moda.

«Lo que sí espero es que los suecos no se hayan equivocado en darnos el premio a nosotros»

Su comentario a la prensa argentina, con el humor seco que lo caracterizaba. Notar el «nosotros»: ni en la broma se atribuyó el premio en solitario.

Leloir murió en 1987 y el instituto que dirigía lleva hoy su nombre. Sigue siendo el último argentino en ganar un Nobel científico por trabajo hecho íntegramente en el país, un dato que sus frases sobre el laboratorio y los subsidios ayudan a entender.

Seguí con las frases famosas de personajes argentinos.

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